miércoles, 3 de agosto de 2016

Opositar en verano



¡Hola a todos!


Hacía mucho tiempo que no me pasaba por aquí y no actualizaba pero es que aunque no doy para más, necesitaba centrarme en la oposición. Ha dado la casualidad que se me rompió el móvil y he estado sin él varias semanas y me ha venido genial. He estado con uno de sustitución pero era muy antiguo y se atascaba mucho con lo cual las redes sociales han desaparecido durante este tiempo. Como habréis podido comprobar apenas me he pronunciado en ellas y me he dedicado a estudiar, sin distracciones, sin tentaciones.


Pero bueno, después de muchas semanas sin escribir, he encontrado un ratito para hacerlo. Por el título podéis adivinar de qué va, y es que para mí opositar en verano debería estar prohibido. Sí, sí, prohibido. 


Quizás me excedo en mi deseo de no estudiar durante los tres meses que dura el verano y este calor húmedo e infernal, pero si agosto es mes inhábil, también debería serlo para los que nos derretimos diariamente delante de los temas mientras el resto disfruta de baños refrescantes en playas y piscinas. Todos sabemos que de vacaciones no se pasa calor y eso es así. 


Los otros veranos de opositora también hacía calor pero sabía que de tal día a tal día iba a estar de vacaciones y tachaba los días que me quedaban, que hubiera una cuenta atrás hacía que no fuera tan pesado el verano. Descansaba quince días y a la vuelta ya había pasado el calor sofocante, o a mí me lo parecía, y como que se estudiaba de otra manera después de haber descansado. De momento no tengo vacaciones y no creo que las tenga en una larga temporada. Así que no me queda otra que pegarme al ventilador y a las botellas de agua fría y aguantar este mes y medio que todavía queda de verano. 


Espero que tengáis más suerte que yo y seáis de los que extendéis la toalla en la playa y os pasáis el día al sol. A los que estéis como yo, mucho ánimo compañeros, resistiremos, esto no es para siempre, como dice el dicho, “no hay mal que cien años dure”.


¡Nos leemos en la próxima entrada! ¡Mucha suerte y ánimo a todos!


Gracias por leerme!


Un beso!


María :)

miércoles, 22 de junio de 2016

Rumore, rumore



¡Hola a todos!

Ya se sabe eso de que “cuando el río suena, agua lleva” es por algo. Llevamos unos meses de rumores, sobre todo desde que acabaron los ejercicios en Barcelona,  acerca de la próxima convocatoria, que si será en septiembre, que si será en octubre. Que si será en Madrid y con dos tribunales, o no se sabe del todo pero casi seguro. 

Pues bien, últimamente estos rumores cobran cada vez más fuerza, y más después del email que recibí de la gestoría hace un par de semanas. Como sabéis, desde el 3 de agosto hay programa nuevo para la oposición, pero para que nos podamos examinar de este nuevo programa y surta efectos tiene que transcurrir un año desde su publicación conforme a lo que establece el Reglamento Notarial. Según la gestoría, existen “RUMORES MUY FUNDADOS” de que la nueva convocatoria se podría publicar justo al cumplirse un año, en septiembre a más tardar, debido a que es período estival. Es decir, que está al caer si todo va como tiene que ir.

Así que compañeros a Notarías, en esas estamos. Yo llevo unos días un tanto intranquila, con algo de nervios porque aunque es cierto que ya va a hacer un año, para mí la sensación es de mucho menos. 

Solo nos queda seguir trabajando y esperar a que todos estos rumores se conviertan en realidad. Cada vez estamos más cerca de conseguirlo.

Mucho ánimo a todos! Pasad buena semana!

Gracias por leerme!

Un beso!

María :)

viernes, 17 de junio de 2016

Insomnio



¡Hola a todos!

Algunos de vosotros me habéis pedido que os hable acerca del insomnio los días o semanas antes del examen, si lo pasé y qué hice para remediarlo y poder dormir.

Pues bien, de primeras he de decir que problemas de sueño realmente no he tenido. Sí es verdad que a medida que se acercaba el día del examen me costaba un poco más conciliar el sueño. Me metía en la cama y mi cabeza daba mil vueltas, repasaba temas, repasaba artículos, los cantaba mentalmente, pensaba en lo que tenía que estudiar al día siguiente, etc. pero al final siempre acababa durmiendo y además profundamente de puro agotamiento hasta que sonaba el despertador a la mañana siguiente. 

Si algún día me notaba más nerviosa por algo, después de cenar recurría a las infusiones. Como sabéis hay varios tipos de infusiones que nos ayudan a relajarnos, en mi caso me iba bien la tila, algo que durante los primeros seis meses de oposición me tomaba antes de ir al preparador en cada cante. No os podéis hacer una idea del nudo en el estómago que se me formaba cada vez que tenía que ir al preparador. 

Como digo hay varios tipos de infusiones, a mí me funcionaba la tila pero también funcionan la valeriana, manzanilla, melisa, pasiflora, infu relax, duerme bien, todas ellas muy fáciles de encontrar. 

Me comentaron también de unas gotas que se compran en la farmacia, las Flores de Bach, que también ayudan a relajar, concretamente, las Flores de Bach son una serie de esencias naturales utilizadas para tratar diversas situaciones emocionales, como miedos, soledad, desesperación, estrés, depresión y obsesiones, pero nunca las llegué a utilizar. 

De cara al examen, no tomé nada, tampoco tenía intención de hacerlo. El preparador me dijo que era mejor no tomar nada, ningún tipo de relajante o químico de ese tipo, pero que si quería hacerlo lo probara antes para saber cómo iba a reaccionar mi cuerpo no fuera a ser que el día del examen me quedara dormida y no llegara a tiempo o no fuese capaz de articular palabra.

El día del examen, todos los opositores teníamos a nuestra disposición tilas para aquellos que lo necesitasen, pero realmente estábamos todos tan pendientes de si alguien se retiraba o no que creo que nadie hizo uso de ellas, aunque sí algún que otro familiar durante la espera.

No soy partidaria de tomar nada que pueda alterar nuestro sistema nervioso porque creo que no lo necesito, el día del examen es normal tener miedo y nervios y creo que hay que enfrentarse a ello sin ningún tipo de ayuda, pero quizás porque soy así, es mi carácter y lo llego a controlar bastante bien.

Con esto no quiero decir que los que decidáis hacerlo lo estéis haciendo mal, hay personas más nerviosas que otras, hay personas que se bloquean más que otras y necesitan de esa ayudita para el día del examen.

En cualquier caso, consultadlo antes, no os lo toméis a la ligera, haced la prueba para ver cómo reacciona vuestro cuerpo, cómo os sentís con ello y si notáis la diferencia entre el con y el sin, pero nunca lo probéis el mismo día del examen porque nunca se sabe qué puede ocurrir.

A continuación os dejo el enlace al blog de María Poppins, casualmente en su última entrada también hace referencia a este tipo de químicos. http://aprendiendoavivirdespuesdeopositar.blogspot.com.es/2016/06/mi-experiencia-con-el-sumial.html

Gracias por leerme!

Un beso!

María :) 

miércoles, 8 de junio de 2016

Y el día llegó (II)



A los pocos minutos las puertas del ascensor se volvieron a abrir y en este caso fueron los miembros del tribunal los que hicieron acto de presencia y en ese momento se hizo el silencio. El ambiente cambió por completo y nuestras caras se tensaron.

Los aprobados del día anterior se prepararon para ser recibidos y los demás también. Nos sentamos en los distintos bancos que había, la tensión y los nervios se palpaban en el ambiente. Estábamos a pocos minutos de jugarnos nuestro futuro.

El tribunal recibió a los aprobados y una vez éstos se marcharon con sus caras radiantes de felicidad (no era para menos), ahora sí que sí la cosa se ponía seria. El tribunal avisó al bedel y este procedió a llamar al primer opositor del día. Los que estábamos fuera estábamos pendiente de si se retiraba o no, si pasaban cinco minutos desde que se hubiese cerrado la puerta era muy probable que acabara su ejercicio dentro de una hora. 

Las horas iban pasando y los opositores de ese día iban realizando su ejercicio, nadie se retiraba. A ese paso, o me tocaba a las once de la noche (muy poco probable) o me dejaban para el día siguiente. 

A medida que el tiempo pasaba, los que estábamos fuera nos íbamos relajando, pero sólo en apariencia porque, al menos en mi caso, mi cabeza seguía pendiente de todo, repasando temas, artículos, intentado escuchar a través de las paredes si el opositor que estaba dentro se retiraba o no. Aún quedaba para que me tocara a mí pero tenía miedo de bajar a la calle a que me diera un poco el aire y que justo en ese momento todos los que tenía por delante se retirasen. 

A pesar de que mi preparador me avisase de la posibilidad de encontrarme gente histérica haciendo pasillo, la verdad es que dentro de la tensión y los nervios, el ambiente fue muy bueno. Los acompañantes hablaban entre ellos, y nosotros los opositores también, de dónde éramos cada uno, cuánto tiempo llevábamos preparando, si era nuestra primera vez, lo típico para matar un poco el tiempo y hacer la espera más amena. 

Había una mesa con botellines de agua fría para todos y una fuente con chocolatinas, bombones y caramelos. Así como pasaba el tiempo, el paseo a la mesa a por azúcar era cada vez más frecuente. El cansancio de los nervios, la tensión y la espera empezaban a hacer mella.

Sobre las siete y pico de la tarde el tribunal hizo un descanso de media hora larga y sólo habían cantado dos opositores. Yo iba informando a mi preparador, no cantaría ese día pero aún así no quería correr el riesgo de que alguien se retirase aunque sabía que no iba a pasar, entre nosotros habíamos hablado y todos teníamos intención de cantar la hora entera. 

Las ganas de examinarme cada vez eran mayores, ahora ya no estaba nerviosa por el examen, estaba nerviosa por querer cantar. Quería hacerlo, soltar todo lo que llevaba dentro, los nervios del principio habían pasado y me veía fuerte para examinarme, pero no sería ese día. El bedel anunció que el tribunal oiría a cuatro opositores en el día (el que acababa de entrar y otro más) y suspendería la sesión hasta el día siguiente. Aún así, a sabiendas que no me tocaba, no quise irme de allí hasta que se acabara la sesión. Y aso fue lo que hice. 

La última opositora salió de la sala cerca de las diez de la noche. Se suspendía la sesión y el tribunal en un rato anunciaría los resultados del día. Sería la segunda del día siguiente. Nos fuimos a cenar algo rápido, estaba cansada de la espera, de acumular tensión. Avisé a mi preparador que sería al día siguiente y su respuesta fue “mejor, menos mal, porque necesitas descansar”, después de tantas horas allí no estaba para examinarme a pesar de las ganas que tenía de quitármelo de encima. 

Ya en el hotel, se publicaron los resultados del día, habían aprobado todos. Me di una ducha rápida y a descansar, había sido un día muy largo y al día siguiente me jugaba mi futuro. A pesar de lo que me esperaba a la mañana siguiente dormí bastantes horas. Sonó el despertador y yo ya llevaba un rato despierta, pensando, pensando en hasta dónde había llegado, el trabajo duro de todos esos meses previos, del sacrificio, recordando el día de la convocatoria solo siete meses antes en que me veía incapaz de hacer todo lo que había hecho. Ese día que todo opositor espera que llegue cuando empieza la oposición había llegado y había llegado muy rápido, sin apenas darme cuenta. 

Me di otra ducha y bajamos a desayunar. Cada vez se me hacía más difícil ingerir algo. Después de desayunar subí a la habitación a arreglarme para el examen y nos dirigimos al colegio. Mi cara lo decía todo, tenía ganas de llorar, de salir corriendo y no mirar atrás. Ya dentro del colegio éramos los mismos que el día anterior, con la diferencia de que cuatro habían aprobado y sus caras estaban relajadas, nada que ver con las del día anterior, reflejaban felicidad por el trabajo bien hecho pero aún quedaba un camino largo, tres exámenes más, y lo han conseguido, a día de hoy son Notarios. ¡Enhorabuena chicas! 

Al igual que el día anterior, el tribunal recibió a los aprobados y dio comienzo la sesión. Si esta opositora no se retiraba me tocaría dentro de una hora. Una hora que se hizo eterna hasta que sonó la campana que avisaba del final de su ejercicio. En ese momento pegué un salto y me preparé, DNI, crono y boli. Un cúmulo de emociones se apoderaron de mí, me entró una risa nerviosa pero a la vez ganas de llorar, respiré hondo y el bedel dijo mi nombre, me llamó a examen. Le enseñé el DNI, entré dentro y la puerta se cerró.

Gracias por leerme!

Un beso!

María :)

jueves, 2 de junio de 2016

Y el día llegó



¡Hola a todos!

Como ya sabéis, os lo comenté en la entrada anterior Período de reflexión, esta semana se cumple un año de mi examen  y como muchos me lo habéis pedido os voy a contar cómo fue, qué hice y qué sentí ese ansiado día, los nervios, la tensión, el desconcierto. Como sé que va a quedar muy largo porque no me quiero dejar ningún detalle, lo publicaré en dos entradas. Disculpad de antemano mi extensión. 

Como también os conté en esta entrada Estoy convocada prácticamente me convocaron de un día para otro y tuvimos que hacer las maletas y partir lo antes posible. Llegué a Barcelona el miércoles por la tarde y después de hacer el check-in en el hotel y pasar una vergüenza horrible por lo que os conté en esta otra entrada (Me han convocado II), nos acercamos al colegio notarial para tenerlo localizado y no perder el tiempo buscándolo al día siguiente. Realmente estábamos a dos pasos. Estuvimos dando una vuelta por el centro de Barcelona y mi móvil no dejaba de sonar. Multitud de llamadas y mensajes deseándome suerte, dándome ánimos, de mi familia, amigas, de mi compañera de oposición, algunos de vosotros con lo que ya hablaba también tuvisteis el detalle de mandarme vuestra fuerza, y como no, el de mi preparador y su mujer. Después de desarme toda la suerte del mundo sabiendo que el trabajo estaba hecho, me dio una serie de instrucciones de cara al examen. Me pidió que no repasara esa noche, que durmiera, que cenara bien y desayunara (sus palabras fueron “María come, come de verdad que lo necesitarás para aguantar el examen y sobre todo come pasta al mediodía, llévate chocolate para la espera, que el cerebro no se quede sin azúcar”, jamás lo olvidaré). Y yo que tenía los nervios a flor de piel, mensaje que leía, lagrimones que brotaban. 

Esa noche mi madre y yo cenamos cerca del hotel y a pesar de mis esfuerzos por comer, tenía el estómago cerrado, conseguí acabarme el plato. Cenamos tranquilamente, sin prisas y al acabar dimos otra vueltecita por los alrededores del hotel y nos fuimos a descansar. 

Como digo, esa noche no repasé nada. Quería que mi mente descansara aunque fuera por unas horas. El jueves sería un día duro y necesitaba estar despejada todo cuanto pudiera. Sorprendentemente esa noche dormí, y dormí bastante a pesar de que me costara en un primer momento conciliar el sueño pensando. Pensando en lo que me esperaba al día siguiente, pensando en que después de tanto tiempo el día había llegado, pensando en todo lo que había hecho los meses previos, el trabajo diario, el esfuerzo y sacrificio se verían o no, recompensados en una hora de examen. 

A la mañana siguiente, los nervios empezaron a crecer por momentos. En unas horas me tocaría examinar. Bajamos a desayunar y en el comedor todos o casi todos éramos opositores con sus acompañantes. Me costó mucho comer, tenía un nudo en el estómago que no me dejaba ingerir nada. 

Después de desayunar volvimos a la habitación, yo me quedaría repasando los temas de más artículos (servidumbres, censos, contrato de depósito, etc) por si por casualidad alguno de ellos me tocaba esa tarde, tenerlo fresco. Mientras tanto, mi madre, para no molestarme (no me molestaba que se quedara conmigo pero prefirió irse) se fue a hacer turismo por la ciudad. A medida que las horas pasaban los nervios aumentaban, por mucho que intentara no pensar en ello, calmarme y auto convencerme de que el trabajo estaba hecho, no podía evitar pensar que me lo jugaba todo a una carta. 

Llegó la hora de comer y haciendo caso a mi preparador comí un plato de hidratos para aguantar la tarde, si todo iba bien sería la última o penúltima del día. Iba a ser una tarde muy larga.  Después de comer, volvimos al hotel a descansar un poco antes de arreglarme y dirigirme al examen. La sesión empezaba a las cuatro de la tarde, así que a eso de las tres me metí en la ducha y empecé a prepararme. A las 15.45 ya estábamos de camino al colegio.
Llegamos y entramos y subimos a la segunda planta que es donde se hacían los orales. Al abrirse las puertas del ascensor había un montón de opositores, algunos más nerviosos que otros. Y algunos otros muy contentos pues habían aprobado el día anterior y el tribunal les iba a recibir para darles la enhorabuena. Me dirigí al bedel y di mis datos para tener un control de los opositores que tenían intención de presentarse ese día. De momento íbamos todos, tenía a cinco por delante. Salvo que alguno en el último momento no se presentase o se retirase no me iba a tocar ese día, pero aún así tenía que estar allí por si acaso.

A los pocos minutos las puertas del ascensor se volvieron a abrir y en este caso fueron los miembros del tribunal los que hicieron acto de presencia y en ese momento se hizo el silencio. El ambiente cambió por completo y nuestras caras se tensaron.

Gracias por leerme!

Un beso!

María :)